Cuando un nefrólogo evalúa la salud de los riñones, no se limita a revisar un solo número en un reporte de laboratorio. La función renal es un equilibrio complejo entre filtración, eliminación de desechos, control de líquidos y sales, y regulación de la presión arterial. Por eso, el especialista en nefrología suele solicitar estudios que, en conjunto, permitan entender si el riñón está filtrando adecuadamente, si hay daño temprano en los glomérulos, si existen alteraciones en la orina, o si hay complicaciones relacionadas con una función renal disminuida. La elección de pruebas depende del motivo de consulta, antecedentes como diabetes o hipertensión, síntomas y resultados previos.
La función renal no se mide con un solo dato
Muchas personas creen que “tener los riñones bien” se resume a una creatinina normal. Sin embargo, una creatinina aislada puede variar por masa muscular, hidratación, edad y otros factores. Además, hay etapas iniciales de daño renal en las que la creatinina todavía se mantiene dentro de rangos habituales, pero ya existe pérdida de proteína en orina o cambios microscópicos. El objetivo del nefrólogo es identificar señales tempranas, evaluar la gravedad y definir la causa para evitar que el problema avance.
Estudios de sangre más frecuentes para evaluar la función renal
Los análisis sanguíneos ofrecen información sobre qué tan bien el cuerpo está depurando desechos y manteniendo el equilibrio químico.
Creatinina sérica y estimación de filtración glomerular
La creatinina es un producto del metabolismo muscular que normalmente se elimina por el riñón. El nefrólogo la utiliza junto con otros datos para estimar la tasa de filtrado glomerular, que ayuda a clasificar la función renal y a detectar si existe disminución progresiva. La filtración estimada es útil para seguimiento, ajuste de medicamentos y definición de riesgos.
Urea o nitrógeno ureico (BUN)
La urea también refleja eliminación de desechos, aunque puede aumentar por deshidratación, dietas altas en proteína, sangrado digestivo o estrés metabólico. En nefrología se interpreta como un dato complementario, no definitivo por sí solo.
Electrolitos y equilibrio ácido-base
Los riñones regulan sodio, potasio, cloro y bicarbonato. Cuando la función renal disminuye, pueden presentarse alteraciones que requieren vigilancia estrecha. El potasio elevado, por ejemplo, puede ser peligroso para el ritmo cardiaco. El bicarbonato bajo puede indicar acidosis metabólica, un problema frecuente en enfermedad renal crónica y relevante para el plan terapéutico.
Calcio, fósforo y parathormona en enfermedad renal crónica
En etapas más avanzadas, el riñón afecta el metabolismo óseo-mineral. Por eso, el nefrólogo puede solicitar fósforo, calcio, vitamina D y parathormona para evaluar riesgo de enfermedad ósea relacionada con el riñón y definir intervenciones oportunas.
Biometría hemática
Los riñones participan en la producción de eritropoyetina, hormona que estimula la formación de glóbulos rojos. Cuando la función renal cae, puede aparecer anemia. La biometría ayuda a detectar anemia y orientar su causa, sobre todo cuando se acompaña de fatiga o palidez.
Estudios de orina que revelan daño temprano
La orina es una fuente clave de información porque puede mostrar señales de daño incluso antes de que la filtración se reduzca.
Examen general de orina
Suele ser una de las primeras pruebas solicitadas por un médico nefrólogo. Permite detectar:
- Proteínas o albúmina, que sugieren daño glomerular o aumento de permeabilidad.
- Sangre microscópica, que puede relacionarse con inflamación renal, piedras, infección u otras causas.
- Leucocitos y nitritos, que orientan a infección urinaria.
- Densidad urinaria, que ofrece pistas sobre capacidad de concentración del riñón.
- Cilindros, que pueden sugerir afectación renal específica cuando se interpretan con detalle.
Relación albúmina/creatinina o proteína/creatinina en orina
Estas pruebas cuantifican la pérdida de albúmina o proteína sin necesidad de recolectar orina de 24 horas. La albuminuria es especialmente importante en personas con diabetes o hipertensión, porque se asocia con mayor riesgo renal y cardiovascular. Medirla permite detectar daño temprano, monitorear respuesta al tratamiento y ajustar metas.
Recolección de orina de 24 horas
En casos seleccionados, el nefrólogo puede pedir orina de 24 horas para cuantificar proteínas, creatinina, sodio u otros componentes. Se usa cuando se requiere una medición más exacta o cuando hay sospecha de pérdidas importantes. También puede ser útil en evaluación de litiasis renal o trastornos específicos del metabolismo.
Urocultivo
Cuando hay síntomas urinarios o datos que sugieren infección, el nefrólogo puede solicitar urocultivo para identificar bacterias y orientar un antibiótico adecuado. Esto es relevante en personas con enfermedad renal porque algunas infecciones pueden agravar la función renal o requerir ajustes de dosis.
Pruebas de imagen para evaluar estructura y causas
Los estudios de imagen no “miden” la filtración como tal, pero ayudan a encontrar causas estructurales que explican deterioro renal o síntomas.
Ultrasonido renal y de vías urinarias
Es un estudio muy frecuente en nefrología. Permite evaluar tamaño y forma del riñón, presencia de quistes, datos de obstrucción, piedras, dilatación de vías urinarias y características del parénquima. Un riñón pequeño y con cambios de ecogenicidad, por ejemplo, puede sugerir enfermedad crónica de largo tiempo. También es útil para descartar obstrucción, una causa potencialmente reversible de deterioro renal.
Doppler de arterias renales en casos seleccionados
Si hay sospecha de estenosis de arterias renales, hipertensión difícil de controlar o deterioro renal inesperado, el nefrólogo puede solicitar un Doppler para evaluar flujo sanguíneo. No es para todos, pero puede ser relevante cuando se busca una causa secundaria de hipertensión.
Tomografía o resonancia en indicaciones específicas
Se reservan para casos particulares, como evaluación detallada de piedras, tumores, anomalías estructurales o complicaciones. El nefrólogo suele valorar cuidadosamente el uso de contraste, ya que algunos medios de contraste pueden afectar la función renal en personas con riesgo.
Estudios para buscar la causa cuando se sospecha una enfermedad renal específica
Cuando los hallazgos apuntan a inflamación glomerular, enfermedad autoinmune o daño renal no explicado por diabetes o hipertensión, el especialista en nefrología puede ampliar el estudio.
Pruebas inmunológicas y autoinmunes
Dependiendo del contexto, pueden solicitarse estudios como anticuerpos específicos, complemento y marcadores inflamatorios. Estas pruebas ayudan a detectar enfermedades que afectan al riñón como parte de un proceso sistémico.
Proteinograma, electroforesis u otros estudios especiales
En ciertos pacientes, sobre todo mayores o con hallazgos atípicos, el nefrólogo puede investigar trastornos que producen proteínas anormales y dañan el riñón. Se decide caso por caso.
Biopsia renal cuando es necesaria
La biopsia no se solicita de rutina, pero puede ser fundamental cuando se requiere un diagnóstico preciso para elegir tratamiento. Suele considerarse si hay proteinuria significativa, hematuria con datos de glomerulopatía, deterioro rápido de la función renal o sospecha de enfermedades específicas. El nefrólogo valora riesgos y beneficios, y explica el objetivo con claridad.
¿Por qué el nefrólogo solicita diferentes estudios y no siempre los mismos?
La nefrología es muy dependiente del contexto. No es lo mismo evaluar un control preventivo en una persona con diabetes bien controlada que investigar una creatinina que sube rápidamente, una proteína en orina marcada o una presión alta resistente. El nefrólogo busca responder preguntas concretas:
- ¿La función renal está normal, disminuida o cambiando con el tiempo?
- ¿Hay señales de daño temprano aunque la filtración parezca adecuada?
- ¿El problema es glomerular, tubular, vascular u obstructivo?
- ¿Existen complicaciones como anemia, alteración de electrolitos o acidosis?
- ¿Qué tan rápido avanza y qué tanto se puede revertir o frenar?
Cómo prepararte para los estudios y aprovechar la valoración
Para que los resultados sean más útiles, conviene llevar reportes previos si los tienes, anotar medicamentos y suplementos, y avisar si hubo fiebre, diarrea, deshidratación, ejercicio intenso o cambios recientes en dieta, porque pueden alterar algunos parámetros. Si tu nefrólogo solicita estudios de orina, es importante seguir indicaciones de recolección y evitar contaminar la muestra, especialmente en mujeres durante menstruación o si hubo infección reciente.
Qué puede indicar un resultado alterado y por qué no debes alarmarte con un solo valor
Un resultado fuera de rango no siempre significa daño permanente. La creatinina puede elevarse por deshidratación o por algunos fármacos, la urea puede subir por dieta o estrés metabólico, y la proteinuria puede aparecer transitoriamente tras ejercicio intenso o fiebre. Por eso, el nefrólogo interpreta tendencias, repite pruebas cuando corresponde y combina la información de sangre, orina e imagen para definir si hay un problema real y qué tan urgente es.
Un abordaje completo con los estudios correctos permite detectar a tiempo cambios silenciosos, ajustar tratamientos con seguridad y diseñar una estrategia para proteger la función renal en el largo plazo. Esto es especialmente valioso en personas con hipertensión, diabetes, antecedentes familiares de enfermedad renal o hallazgos repetidos en laboratorio que requieren un análisis especializado.

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Tomar la decisión de realizar una cirugía de columna suele ser un proceso gradual. Muchas personas llegan a consulta después de semanas o meses de dolor lumbar o cervical, limitación para moverse, molestias que se irradian a brazos o piernas o episodios que interfieren con el sueño y el trabajo. En ese camino es normal probar tratamientos conservadores y aún así sentir incertidumbre. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, una intervención quirúrgica no se plantea de inmediato, sino cuando hay criterios clínicos y de imagen que justifican que la cirugía de espalda o cuello puede ofrecer un beneficio real, ya sea por aliviar compresión nerviosa, corregir inestabilidad o evitar deterioro neurológico. Conocer cuándo la cirugía de columna es la mejor opción y qué alternativas existen ayuda a llegar a una decisión informada, realista y alineada con tus necesidades.
Sentirse bien no siempre significa que el corazón esté libre de riesgos. Muchas alteraciones cardiovasculares se desarrollan en silencio y pueden avanzar durante años antes de dar señales claras. Por eso, la visita preventiva con un cardiólogo CDMX no es un lujo ni una revisión “solo para personas mayores”, sino una herramienta para detectar problemas a tiempo, ajustar hábitos y reducir probabilidades de complicaciones en el futuro. La frecuencia ideal depende de tu edad, antecedentes familiares, estilo de vida y condiciones médicas, pero hay criterios generales que ayudan a tomar una decisión informada.
La columna vertebral es el eje del cuerpo y sostiene prácticamente todos los movimientos que realizamos: caminar, girar, levantar objetos, sentarnos y hasta dormir. Cuando se presenta dolor lumbar, rigidez cervical o molestias en la espalda media, muchas personas lo minimizan o lo atribuyen al estrés. Sin embargo, un traumatólogo y columna vertebral forman un binomio fundamental para comprender que la mejor estrategia no es solo tratar el dolor, sino prevenir las lesiones en el día a día mediante hábitos adecuados.